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Los grupos de reflexión de padres y madres como espacios para construir las identidades parentales
(Parte prima)
Bartomeu Buira Ferré, Xavier Gimeno Soria
Introduzione
La vida cotidiana genera en las personas incertidumbres (malestares) que la mayoría de las veces han de resolver sin la ayuda de nadie. En las diferentes estructuras sociales de otras épocas, esta ayuda la ejercían los más ancianos del clan, que al haber pasado por determinados “retos”, en el momento en que éstos aparecían de nuevo, ya habían “experimentado” posibles y efectivas soluciones.
Los cambios en las diferentes instituciones han modificado los papeles y las funciones de los distintos miembros que las componen. Incluso han aparecido nuevos protagonistas, nuevos papeles y nuevas funciones. Junto a estas novedades también han emergido nuevos malestares que la mayoría de las veces se incorporan como hábitos de relación y de funcionamiento personal de carácter “tóxico”. Se trata de elementos culturales e individuales que “enquistan” las identidades y “homogeneizan” las diversidades.
El grupo familiar es el primer laboratorio escénico donde el ser humano puede ensayar, experimentar y probar diferentes funciones, papeles, juegos y vínculos. Esto va a permitirle crecer y desarrollarse con los necesarios nutrientes psico-sociales que aseguran una socialización saludable y un carácter identitario funcional .
Algunos estudiosos consideran que la familia, como grupo, está haciendo dejación de las funciones socializadoras primarias para pasar a desarrollar funciones secundarias que en otros momentos estaban en manos de la escuela o de la comunidad. Los medios de comunicación y de información de masas también han tenido un papel importante en estos cambios de funciones .
Los grupos de reflexión de madres y padres
Los grupos de reflexión, como especificación de los grupos operativos (Pichón Rivière), en tanto que explícitamente son grupos organizados desde una tarea que no es exclusivamente la remodelación psíquica, tienen, bajo esa contraseña, distintos objetivos y tareas; por lo tanto, se ofrecen desde saberes y prácticas profesionales como respuestas a necesidades y urgencias sociales diversas.
Es conveniente recordar que el bautismo oficial de los “grupos de reflexión” se dio en 1970, como procedimiento formativo de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupos (A.A.P.P.G). Se los define como grupos de entrenamiento y aprendizaje, originariamente destinados a la formación de psicoterapeutas grupales. Se recuerda como antecedente que en el Hospital Borda, en un curso con médicos residentes en psiquiatría, se implementaron grupos especiales, denominados grupos de reflexión, que tuvieron como objetivo permitir elaborar las tensiones que se generaban en la labor con pacientes psiquiátricos y en las distintas actividades con los profesores y coordinadores de la institución asistencial. Se trató de pequeños grupos, de entre 10 a 14 integrantes, sin tema prefijado, cuyo objetivo fue indagar la problemática del aprendizaje y de la inserción de los alumnos en la institución que los acoge. Estas apretadas citas muestran la contigüidad del grupo de reflexión con el grupo operativo. Es constituido como grupo de formación en el terreno de las prácticas curativas y su objetivo es elaborar tensiones. Como se ve en estas definiciones, hubo otra perspectiva de la concepción operativa, que en absoluto estaba centrada en la salud mental ni en las aplicaciones terapéuticas, y en la que ni siquiera el aspecto específicamente psíquico era demasiado relevante.
En 1994, Lynn Hoffman nos ofrece una pista cuando señala que la idea del equipo reflexivo aparece en un momento en que muchos de los que hacemos terapia familiar, especialmente aquellos que tenemos que tratar el nuevo énfasis sobre la criminalidad en las familias, nos encontramos con que nosotros también estamos siendo cooptados como vehículo para la “culpa no encubierta”. El resurgimiento de formas como el equipo reflexivo nos da esperanzas en que todavía podamos encontrar la forma de corregir esta situación. .
Por tanto, los grupos de reflexión son herederos de aquellos grupos terapéuticos utilizados en el trabajo con familias que ponen el énfasis y subrayan el proceso de reflexión sobre la propia situación, condición e identidad a través de las devoluciones, aportaciones e indicaciones que tanto los terapeutas como los otros participantes hacen de lo que se está tratando en el grupo. “Las familias no sólo lo experimentan como algo que les da poder, sino que parecen fascinadas por el proceso de escuchar las conversaciones de los profesionales acerca de ellos. Por supuesto que hay reglas entre los profesionales que los llevan a utilizar descripciones positivas y a evitar términos competitivos o críticos. Sus comentarios en general ofrecen nuevas opciones y descripciones más que ideas sobre lo que está mal. Es de fundamental importancia que la gente no se sienta identificada con la crítica o la culpa.”
Así pues, podemos concluir, de manera parcial, que los grupos de reflexión proceden de la confluencia de los principios que han desarrollado los grupos de formación y los grupos terapéuticos como metodología para generar cambios en las personas a través de la interacción con iguales, conducidos por un facilitador de la reflexión y la comunicación.
Encuadre
Algunos de los objetivos pretendidos por un grupo de reflexión de Madres y Padres podrían expresarse así:
El grupo de reflexión de madres y padres es una experiencia, es un tipo de aprendizaje experiencial a partir del cual una persona modifica su pensamiento, sus sentimientos y sus acciones por haber estado y por entrar en contacto con otros. Este tipo de transformaciones, que a veces se denomina movilización, requiere de un compromiso, de una implicación sobre la actividad. La actividad supone un tiempo de dedicación, un seguimiento; no son actividades puntuales, de choque, sino que son como los entrenamientos de preparación física que necesita quien realiza una carrera de fondo. También son necesarias unas condiciones (marco) que permitan que la actividad se desarrolle y éstas no son patrimonio exclusivo de una institución o de un grupo de personas, ni de una persona en particular.
El tiempo que madres, padres, abuelos y abuelas dedican a la reflexión y al diálogo en el contexto de un grupo de reflexión les permite poder repensar lo que va pasando en el complejo proceso de convertirse en persona. Les permite escuchar lo que otros padres y madres van viviendo tanto de manera positiva como negativa. Pueden hablar, dentro un marco de confiabilidad, de aquellas fatigas que a veces les sacan de quicio, de aquellas metas conseguidas y de las que se sienten orgullosos. Pueden aprender de manera casi imperceptible aquellos modelos, estrategias o procedimientos transferibles a su realidad. Y quien mejor que sean ellos mismos quienes pongan su atenta mirada y escucha a lo que otros iguales presentan, para posteriormente, una vez en casa, poder utilizarlo en beneficio de la educación de sus criaturas.
Una oportunidad directa que aporta el grupo de reflexión es la posibilidad de compartir lo que frecuentemente es carga y termina siendo pesado, lo que genera incertidumbre, muchas veces, sin que se sea consciente de que se convive con ello.
Oportunidad indirecta, también, para los hijos (niños, adolescentes y jóvenes) dando lugar y oportunidad de reflexión para los padres y las madres: educación para los hijos a través de la educación (la información) para los padres.
Otra oportunidad, diferida en este caso, para todos, al tomar conciencia de la existencia de una red social y participar activamente desde una red propia como es la familia y a través de otra, más amplia como es el grupo de reflexión. Esta oportunidad se suele centrar en la definición de la identidad individual y parental, al mismo tiempo que respeta las diferencias individuales y familiares.
El grupo de reflexión es un punto de encuentro a medio camino entre el trabajo formativo y el trabajo terapéutico. Es un espacio fronterizo entre un ámbito y otro, pero también aparece como un espacio fronterizo de atención en los lindes del centro escolar y la familia (instituciones aún proveedoras de educación y sentido para las nuevas generaciones). La relación establecida en los grupos de reflexión parte de las personas y finaliza en ellas, aun cuando éstas formen parte de instituciones y colectivos más numerosos. Al ser así, los vínculos que se terminan forjando dentro de un grupo de reflexión son muy representativos de los tipos de vínculos que los participantes mantienen fuera del grupo y de esta manera pueden ir reconstruyéndolos.
No es un tipo de intervención indicada para una gran número de personas, por tanto, requiere de un recorrido lento para poder generalizarse entre una extensa población. Los participantes no pueden esperar que los conductores puedan ofrecerles “recetas” o “fórmulas mágicas”. Una sesión de trabajo es aquella que se construye entre todas las personas que configuran el círculo. Es necesario un gran respeto por los elementos del contracto que hará y formará el grupo. De la misma manera que no existen los conductores ideales, no se puede esperar que las familias participantes sean las “ideales” ni que lo sea la institución. A todas ellas les toca mantener las normas que harán posible el grupo y facilitarán el funcionamiento de la actividad.
La implicación de todos juntos comporta una serie de factores que acaban siendo “valores” definitorios de la actividad, entre otros:
Las personas siempre participan de manera voluntaria a partir de una convocatoria que realiza la institución promotora (AMPA, Ayuntamiento, biblioteca…). Agrupa a un número de entre 8 a 12 personas y son acompañados por una pareja de personas conductoras (preferiblemente un hombre y una mujer) que realizan las tareas convocantes, de apertura y clausura de las sesiones y la de animadores de la reflexión y el diálogo entre los participantes. La mayoría de las veces, las dos personas conducen el espacio, pero también puede utilizarse la fórmula de que una sea conductora y la otra observadora. Cuando un grupo de reflexión es conducido por un solo profesional, se hace necesario asegurar una supervisión desde el exterior del grupo para poder “contrastar” las situaciones que van apareciendo dentro el grupo y la forma en la que son conducidas.
En el centro donde se realice esta actividad grupal, lo más habitual será ocupar un espacio que reúna las condiciones necesarias de confortabilidad (luz, mobiliario, temperatura, insonorización…) para realizar un trabajo de reflexión y diálogo entre las personas que participen. La disposición en corro sin muebles ni objetos entre los cuerpos de los participantes es la mejor manera de configurar un círculo en el que también están integradas las personas conductoras .
Es necesario que se pacte o que se recuerde durante los primeros momentos de la primera sesión el marco que guiará al grupo: horario, calendario (entre 8 y 12 sesiones), la duración de cada sesión (entre 45 y 90 minutos, dependiendo de las características de las personas que configuran la actividad), el número de asistentes, las personas concretas que asistirán, etc.
La periodicidad puede ser quincenal o mensual y a lo largo de un curso académico. En algunos casos, cuando la duración es superior al curso escolar, pueden tener forma de grupo de lenta apertura. En este caso se respeta a quien quiere prorrogar su estancia si “ocupa” una plaza vacante producida por una baja. No obstante, queremos resaltar que las bajas son más frecuentes por los cambios de los participantes respecto a las condiciones de participación (edad de los hijos, por ejemplo) y no porque no se valore la bondad del espacio de reflexión. Cuando el espacio tiene la duración de un curso escolar, una vez constituido el grupo, no se permiten nuevas entradas de los participantes a fin de poder conseguir un clima de confiabilidad que permita la presentación de material experiencial y su elaboración.
La puntualidad en el inicio y en el final de cada sesión, aspecto que los conductores del grupo tienen en cuenta de forma especial, junto al hecho de que el grupo tenga un inicio y un final prefijado, son elementos que enmarcan la dinámica y su desarrollo.
La primera sesión es, habitualmente, de tanteo de las características de la actividad. Aunque se haya hablado sobre la dinámica a seguir, muchos participantes preguntan qué es lo que tienen que hacer, sobre qué hay que hablar, qué temáticas se pueden abordar y cuáles no pueden tratarse. El hecho de que los temas de los que se habla y sobre los que se reflexiona salgan a partir de las aportaciones de cada participante genera un poco de desconcierto en aquellas personas que no han participado nunca en este tipo de actividades.
Los silencios están presentes en ciertas ocasiones y algunos de ellos pueden expresar defensa o elaboración por parte de las personas participantes. Las personas conductoras aprovechan estos primeros momentos para recoger la máxima información de aquello que pueda ser de mayor interés e invitan a aportar “material” sobre el qué reflexionar (una situación de casa, una dificultad con los hijos, una carencia que creen tener, etc.)
La primera aportación genera en los participantes puntos de vista coincidentes o discrepantes con la madre o el padre que relata su experiencia. Lo que se da más a menudo es un proceso de identificación (“a mí también me ocurre lo mismo”). Los conductores intentan que el “material presentado” sea un motivo para reflexionar sobre los propios posicionamientos y no el eje sobre el que buscar defensores y contrarios.
Una de las funciones más importantes del conductor del grupo para favorecer una dinámica que invite a una verdadera reflexión es la de hacer concretar al máximo la situación, el material que presenta cada participante. El partir de un hecho concreto ayuda a analizar eso que se está poniendo en juego en aquella situación y en la persona que lo aporta. Una vez descrita y centrada la situación y eso que preocupa a la persona se pasa al análisis, utilizando distintos tipos de técnicas que podrán variar según el grupo, los conductores y la misma situación.
El uso de las dramatizaciones, movimientos sistémicos, visualizaciones, el uso del ahora y aquí, el “ponerse en el lugar del otro”, fomentar el retorno al “yo de antes”, son algunas de estas técnicas que facilitan que las personas participen de la reflexión sobre su función de padre y de madre.
Temáticas
Durante una sesión acostumbran a emerger de 3 a 4 temas o situaciones sobre las que se puede reflexionar, pero todas ellas están relacionadas entre sí, aunque pueda parecer que unas y otras surgen inconexas. Las temáticas también sirven para poder recoger evidencias sobre el momento en el que se encuentran las personas del grupo y el grupo en su constitución.
Las temáticas tratadas en los espacios de reflexión no son contenidos previamente escogidos por las personas conductoras, sino que son, o bien núcleos problemáticos o críticos, o bien costumbres vividas como normales que las personas participantes van aportando a medida que van considerando la posibilidad de abordarlos en compañía de otros padres y madres y con la conducción de las personas profesionales .
Durante algunos momentos de los espacios de reflexión los padres y las madres hacen aproximaciones a la necesidad u oportunidad de presentar determinado “material”. De alguna manera se está sopesando el grado de confiabilidad del espacio, más que pretender la autorización de los conductores para aportar el caso, la situación o la dificultad que les preocupa. La confianza que emana del espacio es un aspecto importante para poder abordar unas temáticas o unas otras.
Hay un condicionamiento que establece unas ciertas prioridades en la emergencia de determinadas temáticas: la composición del grupo. No es lo mismo un grupo compuesto exclusivamente por mujeres que uno en el que haya hombres y mujeres en la misma proporción. Tampoco es lo mismo un grupo en el que los padres y las madres son mayoritariamente jóvenes o novatos en la parentalidad que uno en el que hay diferencias en cuanto a las edades y evoluciones de la misma. Las temáticas surgidas son diferentes y lo hacen de manera distinta.
De Entre las temáticas más presentadas las hay que están relacionadas con las características de los hijos (edad, género, posición, distancia en el nacimiento...) y otras con dificultades que sus hijos tienen en la escuela, con otros niños, con los maestros o profesores, con otros adultos de la familia o de la comunidad.
Son conflictos vividos en el desarrollo de las funciones vitales (comer, dormir, lavarse), producto de las relaciones con los familiares (padre, madre, hermanos, abuelos...), y relacionados con los contactos sociales no exclusivamente familiares (amigos, escuela, calle, comercios, asociaciones...).
Esto es lo que objetivamente presentan, pero en realidad los padres y madres están hablando de las propias dificultades para poder hacerse cargo de la educación de sus hijos y esto está muy a menudo relacionado con su crecimiento personal, su relación con los hijos, la relación con su pareja, la relación con la familia amplia, con la comunidad.
Suelen ser temáticas que giran entorno a la comunicación, a la capacidad o incapacidad de ponerse en el lugar del otro, de comprender al otro, de expresar los sentimientos y los pensamientos: el miedo a lo desconocido, la dificultad para poner límites, la aceptación de la diferencia, las expectativas, la asimilación de responsabilidades, el desarrollo de roles...
Repercusiones
Como conductores, lo que más valoramos es la posibilidad de crecimiento personal y desarrollo individual y social que se tienen al entrar en contacto con personas que desde sus dificultades buscan soluciones reales a las situaciones en las que se encuentran. En definitiva, estrategias comunitarias y culturales para la búsqueda de soluciones que definen a las personas en sus contextos cotidianos a través de su identidad diversa.
A veces, las madres y los padres que han participado en grupos anteriores explican a las madres y los padres que se incorporan de nuevo los “beneficios” que obtienen de su participación en un espacio como el que estamos presentando aquí. Dicen que les ayuda a escuchar lo que otros padres y madres han hecho para la resolución de ciertas situaciones problemáticas en las que ellos mismos se encuentran o pueden encontrarse. Hablan de las indicaciones que, a raíz de sus intervenciones, hacen los conductores del espacio. Se refieren a la tranquilidad que sienten cuando comprueban que lo que pasa en su casa también pasa en las casas de los otros y que éstos tienen en vías de solución el problema que a ellos les preocupa. Algunas veces, manifiestan la dificultad de poder asistir al grupo, por razones de horario o de calendario coincidente con otros compromisos domésticos, pero sobre todo hacen referencia a las situaciones de enfermedad que les incapacita para salir de casa. En general explicitan que si el espacio para pensar juntos no existiera se tendría que crear, ya que a pesar del esfuerzo que representan los compromisos de horario y calendario, las ventajas superan a las dificultades.
Otros efectos observados tienen que ver con:
Apuntes sobre la identidad parental
Los cambios sociales y demográficos han influido en buena medida en los fenómenos psicosociales y nos obligan a replantear cuestiones que tiempo atrás pasaban desapercibidas, y que actualmente se convierten en retos a superar y nos empujan a la búsqueda de soluciones.
Todas las orientaciones psicológicas coinciden en la afirmación de que en el seno de la familia se conforman las bases del desarrollo de la persona. No obstante, nadie nos enseña a hacer de padres (Belart y Ferrer, 1998) . Las personas nos formamos profesionalmente, aprendemos un oficio o vamos a la universidad, pero la paternidad y la maternidad no se enseñan ni se aprenden en la escuela. En general, los humanos ejercemos "el oficio de madre o de padre" imitando a nuestras propias madres o padres –o a veces, haciendo justo lo contrario- al mismo tiempo que incorporamos nuestras experiencias y los conocimientos que adquirimos a lo largo de la vida. Resulta curioso pensar que siendo una tarea tan importante no exista ni una formación ni un apoyo prioritario: se da por hecho que las madres y los padres saben educar a sus hijos. En realidad la mayoría de padres y madres se esfuerzan por ser "buenos", y en general ejercen bien las tareas y con saludables resultados aunque hay ciertos momentos, circunstancias o incluso periodos en los que la desorientación es evidente y no sabemos qué hacer, ni como actuar.
Según cada etapa, las madres y los padres presentan dificultades relacionadas con determinados ámbitos de la crianza y el acompañamiento de sus hijos. Por ejemplo, en la primera infancia de los hijos, éstas están más vinculadas con aspectos relativos al crecimiento y el desarrollo de los niños, y así lo manifiestan. Por otra parte, las dificultades de la parentalidad de hoy se ven influidas también por el panorama cambiante de la sociedad y sus características. Las referencias pasadas y la vivencia de los propios padres como hijos en su día, ahora no son válidas, no representan un referente adecuado. Además, el tipo de relaciones que hoy se mantienen con la familia extensa no permiten tomar en consideración los consejos o el apoyo que se podían obtener en otras épocas.
Actualmente asistimos, también, a una cierta tendencia sobreprotectora de las madres y los padres sobre los hijos, con múltiples consecuencias para el sistema familiar, es lo que De Miguel y De Miguel (2002) denominan la "generación consentida". La familia actual ha pasado de aplicar un modelo rígido basado en una estructura caracterizada por el uso habitual del castigo físico y cierta privación afectiva, a un estilo basado en la permisividad extrema y la hiperprotección.
La bibliografía pedagógica, así como también ciertas tendencias político-ideológicas, ocupadas en asesorar a los padres, les han presentado una serie de conceptos, mitos y afirmaciones pseudocientíficas que han provocado cierta desorientación entre los padres, de tal manera que en vez de proporcionar una guía, han hecho que los padres estén convencidos de que se debe crear un entorno seguro para los hijos, que los proteja de la realidad externa, vivida como “no controlable” y sumamente peligrosa.
Hoy en día, el verdadero problema no es tanto la privación afectiva sino la hiperprotección. Como señalan Nardone et. al. (2003) la evolución de los modelos de interacción entre padres y hijos parece haber provocado un aumento de las problemáticas de la adolescencia. Diferentes estudios sobre adolescentes, entre ellos el realizado por Kagan (1984) , demuestran que en las familias hiperprotectoras (aquellas en las que los adultos sustituyen continuamente a los hijos, hacen las cosas por ellos, eliminan sus dificultades, etc.) se detectan más a menudo trastornos psicológicos de la adolescencia de tipo ansioso, obsesivo, fóbico, depresivo y trastornos de la alimentación.
Nuestra experiencia profesional en relación con las dificultades que tienen las madres y los padres con sus hijos nos demuestra que aspectos como la autonomía, la interdependencia, la superprotección y el establecimiento de límites preocupa a las madres y a los padres y no quedan del todo resueltos. Así, temas tan concretos, en la primera infancia , como son el control de los esfínteres, los hábitos de alimentación (pasar de comida triturada a sólida, destete...), los hábitos del sueño o los berrinches de los niños, son el exponente más claro de cuan difícil es, para las madres y los padres, acompañar a los hijos en el crecimiento para que puedan convertirse en futuros adultos autónomos y responsables.
En cualquier caso, como ya hemos dicho, consideramos que las madres y los padres, en cualquier comportamiento en relación con sus hijos, ponen sus mejores intenciones. Lo que quieren hacer es el bien a sus hijos, hacer de padres lo mejor que puedan.
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Comunicación presentada en el V congreso APAG “Integrando diferencias, construyendo identidades” celebrado en Sitges, Barcelona los días 13, 14 y 15 de noviembre de 2008
Autores
Buira Ferré B., Instituto de Educación Secundaria “La Serra” de Mollerussa (Lleida). Departamento de Educación de la Generalitat de Catalunya.
Gimeno Soria, X., Departamento de Pedagogía Aplicada. Universidad Autónoma de Barcelona.
Los autores de la comunicación son psicólogos colegiados y especialistas en psicología de la educación, formados en la maestría de la Psicoterapia Analítica Grupal organizada por OMIE (Fundación Vasca para la Investigación en Salud Mental, Osasun Mentalaren Ikerketarako Ezarkundea), entidad acreditada por la Universidad de Deusto y con experiencia en la conducción de este tipo de grupos de reflexión desde el año 1985.
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Comunicación presentada en el V congreso APAG “Integrando diferencias, construyendo identidades” celebrado en Sitges, Barcelona los días 13, 14 y 15 de noviembre de 2008 Autores
Autori
Buira Ferré B., Instituto de Educación Secundaria “La Serra” de Mollerussa (Lleida). Departamento de Educación de la Generalitat de Catalunya.
Gimeno Soria, X., Departamento de Pedagogía Aplicada. Universidad Autónoma de Barcelona.
Los autores de la comunicación son psicólogos colegiados y especialistas en psicología de la educación, formados en la maestría de la Psicoterapia Analítica Grupal organizada por OMIE (Fundación Vasca para la Investigación en Salud Mental, Osasun Mentalaren Ikerketarako Ezarkundea), entidad acreditada por la Universidad de Deusto y con experiencia en la conducción de este tipo de grupos de reflexión desde el año 1985.
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