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Los grupos de reflexión de padres y madres como espacios para construir las identidades parentales (Parte seconda)
Bartomeu Buira Ferré, Xavier Gimeno Soria
Diversidades familiares contemporáneas
Para el ERIFE (Equip de Recerca sobre Infància, Família i Educació) de la Universidad Autónoma de Barcelona (2005) la familia, es el grupo humano integrado por miembros relacionados por vínculos de afecto, de sangre, de adopción, de contrato social, de contrato administrativo, en el que se hace posible la socialización, la autonomía, el equilibrio emocional, la subsistencia y la reproducción de las personas. A través de encuentros perfectivos, contactos continuos, interacciones comunicativas, rituales, tabúes, prohibiciones, secretos y silencios que hacen posible la adquisición de una estabilidad personal, una cohesión interna y unas posibilidades de progreso evolutivo según las necesidades profundas de cada uno de sus miembros en función del ciclo histórico-socioeconómico del contexto, del ciclo evolutivo individual y del ciclo vital del propio sistema familiar que los acoge.
El desarrollo de la familia está enmarcado en un proceso social más amplio en el que el énfasis se pone sobre el desarrollo individual, en la libertad y en la autonomía del individuo. Todo ello da lugar a una nueva concepción de la familia en la que el consenso, la comunicación y el respeto a los deseos y las aspiraciones individuales de las personas que la componen, ocupan un lugar primordial en la definición del proyecto de vida en común. La familia como grupo, está construida a partir de la articulación de las identidades individuales y la identidad grupal familiar.
La familia actual es una muestra del proceso de pluralización de las formas de entrada, permanencia y salida de la vida familiar permitiendo así la coexistencia simultánea de diferentes tipos de agrupaciones o unidades de convivencia (un único padre o madre, padres o madres del mismo sexo, hermanos de diferentes padres o madres, etc.) que bajo diferentes características mantienen el apelativo de “familia”.
En primer lugar queremos hacer referencia a los cambios legislativos de las últimas décadas que han dado forma a la equiparación jurídica entre sexos y cónyuges, o entre hijos nacidos dentro o fuera del matrimonio, sin olvidar la ley de separación y divorcio o la, no menos importante, separación definitiva entre el ámbito civil y el religioso del matrimonio. Nuestro país ha sido pionero en la modificación del código civil, en el 2005, al establecer la posibilidad de matrimonio entre personas del mismo sexo.
Estos cambios legales han ido acompañados de unos cambios importantes en las actitudes de la población hacia las relaciones familiares y la igualdad entre los sexos. Cada vez hay más personas que aceptan las diferencias en cuanto a las tipologías familiares y así tenemos más oportunidades de aprender de esta situación diversa ya que manifiesta la tolerancia con las diferencias y se puede demostrar, de una forma práctica, la riqueza que supone vivir en una sociedad diversa. En la otra cara de la misma moneda, nos encontramos con las dificultades de integración de estas diversidades emergentes.
Junto a estas modificaciones en el campo del Derecho se han producido dos fenómenos más que queremos destacar por su incidencia en los cambios de las configuraciones familiares :
Estas cuestiones han significado, evidentemente, un cambio en las estructuras familiares, de tal manera que si bien todavía, como ya se ha visto, la familia nuclear clásica continúa siendo la tipología familiar más abundante, a su alrededor toman fuerza las reconstituidas, las monoparentales, o las familias adoptivas y de acogida. Hoy las personas tienen más posibilidades de escoger sus formas de convivencia y modificarlas a lo largo de su trayecto de vida, a partir de sus deseos y necesidades. La ley del divorcio en España (1981) permitió tomar conciencia de que la formación de la pareja depende más de los afectos y la búsqueda del bienestar emocional de quienes la forman, que de los intereses económicos o reproductivos.
Así, junto a las categorías “clásicas” de familia extensa y familia nuclear, se añaden otras como la de familia monoparental y al mismo tiempo aparecen nuevas diversificaciones. De este modo hay familias nucleares clásicas, nucleares reconstituidas, nucleares adoptivas, y familias monoparentales en las que una mujer o un hombre deciden tener uno o más hijos, y familias monoparentales que provienen de situaciones de divorcio o de viudedad.
En cualquier caso, la familia ya no es una institución con una forma única, sino que se distingue por su diversidad y, por lo tanto, con características diferentes como contexto de crianza de la infancia. Esta constatación ha suscitado investigaciones al respecto (Vila, 1998) , las conclusiones de las cuales permiten afirmar que el desarrollo infantil no viene determinado por las características de la estructura familiar, sino por la calidad de las relaciones interpersonales que se producen en el seno de la familia.
Con todo es importante señalar que en esta calidad tienen un importante papel factores externos a la familia, que tienen que ver con el apoyo social que reciben en relación con el cuidado de todos los miembros integrantes de la familia. Ésta es una cuestión importante que tiene un papel fundamental a la hora de diseñar formas de atención a la infancia y a sus familias. Para educar a un niño se necesita a toda una tribu.
Tal como hemos visto, tanto el contexto social general como el sociofamiliar de los niños está transformándose con relativa celeridad. Esto nos lleva a distintos cambios en las relaciones interpersonales que se dan en el seno de la familia y en el universo de experiencias de los niños. Los contextos de socialización no sólo evolucionan, sino que, a menudo, a éstos se añaden otros distintos: si los padres están separados los hijos se relacionan en más de un núcleo familiar, las dificultades de relación con el padre o madre sino convive habitualmente con él, los hijos únicos exigen que los padres se relacionen habitualmente otras familias que tengan niños de la misma edad, etc.
Vamos, acto seguido, a describir las características de las estructuras familiares que actualmente coexisten en nuestra sociedad según la forma de agrupamiento de sus miembros. Sabemos que esta clasificación no llega a contemplar todos los matices, pero nos orienta sobre la realidad estudiada.
Por lo tanto, vemos cómo la familia pasa por un momento de profundas y aceleradas transformaciones, cuyo reflejo más claro es la diversificación de modelos familiares que se pueden encontrar actualmente en nuestra sociedad. Así, en las últimas décadas, los hogares múltiples o complejos, donde convivían distintos núcleos familiares, se han visto reducidos drásticamente, mientras que aumenta la presencia de familias nucleares tradicionales junto con las denominadas, por algunos autores, “postnucleares" (Requena, 1993) . Cada vez son menos excepcionales las uniones de hecho, las parejas sin descendencia, las familias reconstituidas, las monoparentales y las homoparentales.
Estaríamos pasando por un proceso que, como dice Flaquer (1999) , se podría denominar la llave de la segunda transición familiar. Según este autor, se pasó ya por una primera transición familiar relacionada con la contracción del núcleo familiar estricto, con menoscabo de la familia extensa. Y ahora, esta segunda estaría relacionada con la desinstitucionalización. Siguiendo la propuesta de este autor, en los últimos años, en nuestro país, se han difuminado los límites entre legitimidad e ilegitimidad familiar, gracias a que se han empezado a admitir y a reconocer ciertas situaciones familiares que antes eran inaceptables: nos referimos a las parejas no casadas, las adoptivas, las monoparentales, etc.
Por otro lado, también hace falta señalar que la evolución de la familia ha tenido una repercusión directa en la forma en la que se establecen las relaciones entre padres e hijos. Más o menos a partir de finales de los años 60, se pasa de un modelo de educación relativamente represivo a uno más permisivo, o siguiendo las aportaciones de Palacios (1987) , encontramos tres tipos de familias educativamente hablando: tradicionales, modernas y paradójicas. Por su parte, Meil (2006) indica que en nuestra sociedad coexisten diferentes estilos de educar a los hijos por parte de los padres, aunque es difícil poder definir con exactitud lo que los padres entienden por “estilos”.
Actualmente se puede ver cómo determinados procesos sociales globales han contribuido a un cambio en las relaciones familiares decantándose hacia una mayor igualdad y libertad en las relaciones entre padres e hijos. En cuanto a la dinámica que se da a las unidades familiares, así como la socialización según el género a partir de las pautas educativas familiares, en España se mantiene la diferenciación de papeles atribuidos al hombre y la mujer, aunque hay lentas incorporaciones del hombre a las tareas domesticas y a asumir el cuidado de los niños, cuando ambos progenitores trabajan fuera de casa.
Algunos dilemas para diseñar el futuro
Desde las experiencias que acabamos de exponer y las reflexiones compartidas, nos planteamos una serie de cuestiones que pensamos son importantes para el desarrollo de los grupos de reflexión de madres y padres como actuación en la comunidad.
¿Cuáles son las competencias profesionales que se requieren para conducir y dinamizar un grupo de reflexión de madres y padres?
Al considerar cual debería ser el perfil de los profesionales constatamos la necesidad de configurar una formación inicial que recurra a cursos de grado, postgrado o maestría, incidiendo en unas competencias y unos contenidos que puedan dar respuesta al tipo de demandas que generan estos grupos.
En este sentido, reconocemos, también, la importancia de establecer una red de actuaciones dirigidas a la formación permanente de estos profesionales que, paralelamente a ejercer la función de actualización y acompañamiento necesarios, ha de promover el desarrollo profesional y personal de los mismos.
¿Cómo conseguir que las instituciones sean promotoras de este tipo de iniciativas? ¿Qué instituciones son potencialmente impulsoras de estos espacios?
Todas aquellas organizaciones que trabajan, directa o indirectamente, con familias (centros educativos, ayuntamientos, centros cívicos, centros sanitarios, asociaciones…) son posibles promotoras de grupos de reflexión de madres y padres.
Dar a conocer este tipo de intervención requiere diseñar y utilizar vías e instrumentos de comunicación para que sus planteamientos lleguen a los responsables de la planificación y los programas de las distintas instituciones.
La colegialidad, asociación del colectivo de profesionales que trabajan desde esta perspectiva, se ofrece, también, como una acción que puede plantear formas de difusión con un mayor grado de repercusión.
Pero, podemos ir un poco más allá.
¿Qué importancia puede tener el hecho de que las distintas instituciones incorporen e integren en sus proyectos, en su cultura, el trabajo con las familias?
Acostumbrados a un tipo de actuaciones de carácter puntual, sujetas a la duda de su posible continuidad y que requieren de esfuerzos constantes para su reedición, creemos en la construcción de espacios con la capacidad de generar cultura, de forjar historia, sabedores de los beneficios que este tipo de planteamientos ofrecen a los usuarios y a las instituciones mismas.
¿Hasta qué punto es interesante la cooperación de profesionales de diferentes ámbitos en el desarrollo de este tipo de intervenciones?
Siendo el de la familia un terreno complejo, poliédrico y polimórfico, en el que intervienen elementos muy variados de la realidad social, educativa, sanitaria y psicológica, apostamos por la riqueza que puede tener la construcción de espacios de acompañamiento a las familias, conducidos por equipos de profesionales diversos en cuanto a su formación específica tanto inicial como continua.
La segregación que puede generarse desde los perfiles profesionales altamente especializados dificultará la articulación de los diferentes aspectos del sistema complejo familiar. Escisión versus integración.
¿Cuál es el lugar más idóneo para ubicar este tipo de intervenciones?
Observando el locus de intervención de los distintos ámbitos profesionales señalados, vemos que existe una distribución diversa: usuarios que se dirigen a los centros profesionales de referencia, profesionales que atienden la demanda en las instituciones solicitantes, confluencia de participantes y profesionales en centros cívicos y sociales.
Más allá de costumbres e inercias culturalmente establecidas que deberíamos repensar para transformar, el hecho de reflexionar sobre la ubicación y la creación de espacios para las familias está íntimamente relacionado con los planteamientos básicos de los grupos de reflexión de madres y padres como actividad que promueve la construcción de las identidades parentales.
Ante el dilema prevención versus terapéutica, ¿dónde se encuentra el ámbito de acción de este dispositivo grupal?
Parece justificado afirmar que la integración de este tipo de actuación en el marco de la prevención contribuye a consolidar esta línea de intervención comunitaria, relacionándola con un concepto mucho más amplio y plural de salud.
La atención de necesidades surgidas de comportamientos supuestamente normales de la población (Cucco, 2006) , no ha de estar en oposición con la creación de dispositivos concebidos desde un marco terapéutico. ¿Se necesitan espacios distintos para atender funciones distintas? ¿Es posible plantear la creación de espacios en donde convivan ambas funciones? ¿Qué hay de preventivo en lo terapéutico y viceversa?
¿Dónde termina lo individual-familiar y empieza lo social-comunitario? ¿En qué franja ponen sus miras los planteamientos que sustentan estas actuaciones en relación a las repercusiones deseadas?
Estamos seguros de que la formulación de los dilemas planteados y de otros que irán surgiendo de futuras experiencias, han de permitir el análisis de los distintos elementos que componen estos grupos y la reconstrucción de los posicionamientos respecto a ellos. Proceso dinámico imprescindible para la consolidación de toda actuación. Trabajo en progreso.
Comunicación presentada en el V congreso APAG “Integrando diferencias, construyendo identidades” celebrado en Sitges, Barcelona los días 13, 14 y 15 de noviembre de 2008
Autores
Buira Ferré B., Instituto de Educación Secundaria “La Serra” de Mollerussa (Lleida). Departamento de Educación de la Generalitat de Catalunya.
Gimeno Soria, X., Departamento de Pedagogía Aplicada. Universidad Autónoma de Barcelona.
Los autores de la comunicación son psicólogos colegiados y especialistas en psicología de la educación, formados en la maestría de la Psicoterapia Analítica Grupal organizada por OMIE (Fundación Vasca para la Investigación en Salud Mental, Osasun Mentalaren Ikerketarako Ezarkundea), entidad acreditada por la Universidad de Deusto y con experiencia en la conducción de este tipo de grupos de reflexión desde el año 1985.
ERIFE (2005): Document intern de treball del seminari. Universitat Autònoma de Barcelona. Bellaterra.
Gómez-Granell, C. ; Brullet, C. (coords.) (2008): Malestares: infancia, adolescencia y familias. CIIMU–Graó. Barcelona.
Requena, M. (1993): Formas de familia en la España de hoy. En Garrido, L. y Gil, E. (eds.) Estrategias familiares. Págs. 249-270. Alianza. Madrid.
Palacios, J. (1987): Contenidos, estructuras y determinantes de las ideas de los padres: una investigación empírica. Infancia y aprendizaje. 39-40. Págs. 113-136.